|
|
| 07 de Abril de 2007 | |||
|
|||
| BLOG | CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
|
|
La ventanita sentimental Dr. Cariño doc@lacuarta.cl
Doctor Cariño:
Creo estar loco por lo que voy a hacer, pero estoy tan complicado que le voy a contar mi problema. Soy estudiante de una prestigiosa universidad privada de Santiago, tengo un auto último modelo (gracias a mi papá) y, al parecer de la mayoría, poseo todo lo que un joven de 20 años podría soñar, además de buena pinta y, lo que opina la mayoría de las mujeres, una cara bonita. El caso es que en una de esas acciones sociales universitarias, en una población de la periferia de la capital, conocí a una niña que a primera vista iluminó mi corazón. No tiene nada, pero me gusta. No me atrevo ni siquiera invitarla a salir, porque dudo que acepte. Ella es pobre, pero decente, aunque lamentablemente no es la mujer que dibujó mi mamá para mi futuro esplendor... Lolo.
Mijo:
Su caso no es novedoso. Tengo entendido que es un punto explotado al máximo en las teleseries, donde el jovencito rico se enamora de una niña poblete, pero más buena que el pan caliente con mantequilla. Como nuestra "Floribella". Lo que no sé es si en la vida real se produce el final feliz de los culebrones venezolanos, cuando Gustavo Adolfo enfrenta a su aristocrática madre y le dice que, contra viento y marea, continuará su romance con la empleada, porque es la mujer que ama. En esta suerte de imán que lo tira hacia la chiquilla de la pobla -"me gusta", son las palabras que empleó- puede haber mucho de espejismo, choreza por navegar contra la corriente y darles un disgusto a los papaítos o, simplemente, una atracción física. Podría ser que ella tiene buen cuerpo, lindas piernas y un parachoques de miedo, y eso le abrió el apetito al pije goloso. Si no quiere hacerle daño a esa belleza de la periferia -creo que aceptaría una invitación a salir, porque usted debe ser una especie de príncipe de sus sueños para ella-, déle tiempo al tiempo y no la acose. Las barreras sociales y, seguramente culturales, que los separan son tan grandes, que veo complicado que todo se dé como en las telecebollas. Ahora, si descubre que su felicidad está junto a ella, tendrá que pelear con dientes y muelas para que su familia la acepte. Difícil, pero no imposible.
|
|
|
|
|