07 de Abril de 2007
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Juan Gerardo se choreó de ser asaltado y enchuló su vehículo para llamar la atención
Don Vaca pela firme el ajo para completar rebaño
Apenas tenga diez taxis blancos con manchitas negras pastando en calles de Santiago -le falta apenas uno- dejará volante y se echará p'atrás
Sebastián Foncea M

(Foto: Copesa)
La maldita delincuencia, esa lacra que da pega a ladrones y vendedores de alarmas y llena las crónicas rojas y los noticiarios de la tele, obligó al taxista Juan Gerardo a convertirse en Don Vaca.

"Estuve varias veces al borde de la muerte. Recuerdo una noche de 1983 en la Villa O'Higgins (San Beca), cuando un par de tipos me asaltó para robarme lo recaudado. Me apuñalaron en la guata y en un brazo. Me dejaron tirado con la cara como papa molida. Menos mal que tuve fuerzas para manejar a medio morir saltando hasta el Hospital Sótero del Río", recordó el sobreviviente.

Genial idea

Hace tres años el sociate (47) estaba tan recontra choreado con los asaltos, que un buen día dijo: "Basta ya, mi Dios, no lo soporto más, es un atropello a la razón. Tengo que hacer algo para no morir al volante". Y lo hizo: Convirtió su auto en una vaca con ruedas y desde ese momento no lo asaltan ni las dudas. "Lo hice para que el vehículo llamara la atención y los ladrones lo pensaran bien antes de acercarse. Se cohíben, ya que toda la gente se fija en mi taxi", explicó Don Vaca.

Lo primero que hizo fue instalar una luz fluorescente en la cabina. Tiempo después vio en un comercial del cable un auto que tenía el tapiz de vaca. "Me gustó y lo busqué por varios lados hasta que encontré una tela parecida y lo mandé a hacer".

Si el 2003 Don Vaca tenía un taxi huachito que pastaba por las calles de la capital, hoy ya es dueño de un rebaño de nueve autos, y lo más choriflái es que están enchulados de la misma manera: El tapiz, el manubrio, los espejos, el techo y todo es blanco con manchitas negras.

La única diferencia entre el taxi que maneja él y el resto del rebaño es que su vehículo está lleno de peluches de vaca que sus amigos le regalan hasta en el Día del Joven Combatiente. Además tiene dos dálmatas que le obsequió un despistado de esos que nunca faltan.

Trabajólico

A Don Vaca le ha ido súper bacán pulento, pero tanto esfuerzo le pasó la cuenta en su vida personal. "Trabajo todos los días, incluyendo Navidad y Año Nuevo. De lunes a jueves lo hago hasta las 2 de la madrugada y los fines de semana me quedo hasta como las 5", contó.

Lo charcha es que el taxista cree que tanto pino influyó en el fracaso de su matrimonio y tiene la convicción de que "si muriera hoy me daría cuenta de que no he alcanzado a disfrutar todo lo que he conseguido con gran esfuerzo", se lamentó.

Don Vaca se ve cansado, pero ya no le queda mucho suplicio. Contó que si se ha sacado la mugre ha sido para cumplir una meta que se fijó. "Me propuse tener una flota de 10 autos para dejar de manejar y dedicarme a administrarla", dijo.

Sus mayores alegrías son su hijo, que se recibió de ingeniero, y recibir el cariño de la gente que se enternece con sus taxis. "A algunas buenamozas les he tenido que rogar para que se bajen", dijo el coqueto, trabajólico y vaca Juan Gerardo.


 

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