07 de Abril de 2007
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Auténtico club social fue fundado en 1990, en torno al mismo barril de tinto donde hoy sus miembros se maltratan con pataches, arreglan el mundo y le trabajan a la amistad
Chantas de Lota: Ni un vaso atrás
"Las feas que se queden en casa, total pa' qué las necesitamos", dicen los caporales de la logia, conformada por ilustres ex mineros del carbón y maestros de la constru. Quien chupe fuera de "Bodega del Pulga" es multado con damajuana
J. Bravo / M. Vega

CONSEJO DE GABINETE: ¡En el nombre de la amistad y el compañerismo, se abre la sesión! De izquierda a derecha posan para el calendario anual los honorables chantas Eduardo Torres, Rodolfo Acevedo, Pedro Páez, José Fernández y Eugenio Reyes.

(Foto: Carlos Acuña)

En un país donde hasta las siúticas se las dan de guachacas con tal de tener su minuto de fama en TV, Los Chantas de Lota son un ejemplo de originalidad, consecuencia proleta y de cómo es posible mantener erectas las más rancias, beodas y fraternas banderas de la tradición popular. En este caso la de una institución que, como el alerce, el culpeo y la vizcacha (bis cachas, dos al hilo), está en peligro de extinción: El club social.

Se trata de una especie de logia masónica -picante de solemnidad- de compadres que se juntan con el único propósito de conversar la amistad, huevear, comerle hasta la lengua a la cabeza de chancho, chupar y, he aquí la médula del osobuco, tenderse una mano en los apuros, abrazarse en la aflicción y acompañar hasta el patio de los callados a los socios cuando la pelá les pasa la factura.

También quedan grupos que se denominan "social y deportivo", pero no es el caso de los chantas lotinos, que no le hacen al futbolito, porque el Chiflón del Diablo los dejó sin fuelle; ni a la rayuela, porque les falla el equilibrio al momento de lanzar la teja; ni menos a la rana, porque son misóginos.

Desde hace 15 años que los estantes atiborrados de cartonier, chacolí y otros finos caldos de la bodega de Armando Concha, "El Pulga", forman parte de la Secretaría del Club Social Los Chantas (C.S.L.C.), fundado en 1990 alrededor del mismo tonel de tinto que hoy le sirve como testera al presidente de la institución, el honorable José Fernández, el "Guaripaucho".

"El resto de la directiva la componen Eugenio Reyes y Pedro Díaz, el 'Novio del Año', a cargo de las finanzas", explicó Concha a la madre del reportero de La Cuarta, también presente en la entrevista.

La fundación

"Fue Juan 'Charro' Montecino quien tuvo la idea de reunir a un lote de ex mineros del carbón en un expendio de la Calle 3 de Lota. Partimos con 17 socios. Las reuniones se realizaban los viernes y empezaban, como manda el reglamento, con tres golpes de tenedor en el cogote de una botella vacía. Duramos dos años en el local, hasta que un día el patrón no cumplió el compromiso de vendernos el copete al costo. Entonces pescamos el escritorio y nos instalamos en esta bodega de la Calle 4. Aquí hemos crecido en cantidad y calidad y hoy somos 50. Como no somos egoístas en los últimos años les abrimos las puertas a los maestros de la constru", dice Eduardo Torres. Para que la histórica relación de Los Chantas sea eternizada en letras de molde.

Cambio de sede

El cambio o trasvasije de sede fue cuático. El socio sorprendido tomándose una cañita o una pituca en las antiguas dependencias debe pagar una multa consistente en un chaleco de mimbre (damajuana de 5 litros) y si reincide es expulsado sin asco, execrado, maldecido hasta la tercera generación y borrado para siempre de los registros.

Feas en casa

Como todo club que se respete, Los Chantas es un club de Tobi. "Las feas que se queden en casa, total pa' qué las necesitamos. Tenemos excelentes chef, más finos que los del Che Ratón. Ellos, bajo la dirección del 'Charra' y el 'Ñato' se encargan de los asados, cocimientos y el comistrajo final -durante el paseo anual a Colcura-, asistidos por el 'Pulpo'. Este cefalópodo tiene tentáculo de monja para cocinar picantes", sostienen Concha y Torres, que por extraña casualidad ostentan apellidos ligados a reconocidos néctares.

- Parece que se la pasan chupando y comiendo.


- Así nomás es. Por lo general los sábados nos tomamos 2 litros por socio. Le hacemos al asado, a las humitas en tiempos del choclo y al pescado frito. Lo que caiga. Todo bicho que camine va pa' dentro.


-¿Y no les resulta fatigoso o salado tanta actividad social?


- Pa' na'. Los precios en La Bodega del Pulga, que abre a las 10 de la mañana y cierra a las 22 horas, están al alcance de todas las gargantas. La pituca vale cien pesares, la caña dos gambas y media y el potrillo para preparar el harinado media luca. Y nunca faltan las monedas. Si algún socio anda falto al billete alguien le presta sencillo. Aquí al único socio que nos salió mano de guagua lo echamos a la semana. Era tan cagado que no se compraba una aspirina para no tener que botar el resfriado.


 

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